Javier Paniagua, Arte.
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                          EL Erotismo ( George Bataille) descargar.


                          GEORGES BATAILLE Y WILLIAM FAULKNER

                          En el poco probable caso, más bien imposible se diría en el cuento de Borges cuando habla del proyecto de Pierre Menard de volver a escribir El Quijote palabra por palabra sin consultar el original, de que estuvieran enterrados en el mismo cementerio, el mórbido paseante entre las tumbas, al bajar la vista a las lápidas para verificar la fecha de nacimiento y muerte y hacer un cálculo mental con el objeto de saber cuanto vivió cada quien, como dice Canetti que se hace para demostrar el peso de la muerte, se sorprendería -como me pasó a mí, sólo que no paseando por un cementerio sino en la todavía más excéntrica ocupación de leer- al constatar que las fechas de nacimiento y muerte de dos escritores tan distintos entre sí como William Faulkner y Georges Bataille son las mismas. Este año se celebran cien años del nacimiento tanto de William Faulkner como de Georges Bataille y se lamentan treinta y cinco anos de la muerte de ambos. Recordar tal coincidencia es el propósito de estas lineas mediante las cuales se pretende rendir homenaje a los dos escritores que desde sus obras opuestas se encuentran entre mis favoritos. El destino de los escritores y otros artistas legitimos es, con mucha frecuencia, ser celebrados tardíamente cuando ya no pueden escuchamos.

                           

                          Repasemos un poco la vida y las obras de Faulkner y de Bataille. Faulkner fue siempre un autor de narraciones, con la excepción de un corto primer libro de poemas; Bataille escribió de todo: novelas (por lo general cortas y la última inconclusa), critica, poesía, libros de arte, un tratado sobre el erotismo, una historia de las religiones, comentarios sociales, etc., etc.

                          Faulkner es un típico escritor del Sur de Estados Unidos cuyo pensamiento no abandona la derrota de los Confederados, la abolición de la esclavitud y que permanece fiel a sus nostalgias hasta en el hecho de que sus temas están sacados casi todos del pueblo donde siempre vivió; Bataille no es típico en nada, resiste todo intento de clasificación, simplemente es un escritor que trata todos los temas que le interesan en el momento y sus intereses son múltiples. Pero hay otras muchas cosas fuera del campo de la literatura como una de las Bellas Artes, en que coinciden. Los dos pensaban que la literatura no es una profesión. Bataille fue numismático y terminó trabajando en la biblioteca de una ciudad de provincia; Faulkner, cuando fue a recibir el premio Nobel de Literatura en 1949, puso al registrarse en el hotel que su profesión era furmer, lo que según un antiguo diccionario inglés-español es: labrador, agricultor, hacendado. Y sin embargo, ¿qué otra cosa eran por encima de ser escritores? Faulkner de una manera indirecta así lo reconoce cuando al final de ¡Absalón, Absalón! incluye un meticuloso mapa de "Jefferson Condado de Yokapatawpha-Mississippi" diciendo "William Faulkner único dueño y propietario" y en ese mapa se señala dónde viven los personajes de sus novelas más significativas: los Sartoris, los Compson, los Coldfield, los Sutpen, muchos personajes de Santuario y de Luz. de agosto y por supuesto, los arribistas Snopes que triunfan sobre las aristocráticas familias sureñas.

                          El escritor se hace dueño de los personajes que "crea" copiándolos de la vida "real". Yo recibí la visita de una muchacha del mismo pueblo donde vivía Faulkner y ella me dijo que todos tenían miedo de cuándo mister Bill los iba a meter en sus novelas, lo cual no impedía que todos también lo quisieran y respetaran por sus cualidades y conducta de típico caballero sureño.

                          En el terreno de los chismes de mala voluntad, Truman Capote, que no se caracterizaba por hablar bien de nadie, cuenta que a Faulkner le gustaban las muchachitas del tipo de Temple Drake en Santuario, que estuvo a punto de casarse con una de ellas cuando el progenitor de la novia intervino para prohibir el matrimonio y Truman Capote encontró después de esa prohibición a Faulkner en una de las oficinas de Random House tirado sobre un sofá ahogado de borracho.

                          Y todos sabemos que Faulkner siempre bebió mucho e incluso escribía tomando pequeños tragos de ginebra, aunque también es sabido que su bebida favorita era el whisky. Sobre Bataille en su libro llamado La amistad, dedicado a comentar las obras de sus amigos, en la última parte Blanchot nos dice: "¿De ese amigo cómo aceptar hablar? Ni mediante el elogio, ni por el interés de cualquier verdad. Los datos sobre su carácter, las formas de su existencia, los episodios de su vida, incluso la búsqueda dentro de la que él se sentía responsable hasta la irresponsabilidad, no le pertenecen a ninguna persona."

                          ¡Maurice Blanchot! El amigo que Georges Bataille a su vez menciona en La experiencia interior, primer volumen de la trilogía que lleva el título de Suma ateológica. Es Blanchot el que se encarga de antemano de probar el carácter espurio de nuestro propósito. Y es cierto. Tal vez nuestro propósito es ilegítimo. ¿Pero qué importa si nadie es nadie? Hay que tratar de contradecir la verdad en beneficio de la literatura. Al fin, después de decirnos que "¿De ese amigo cómo aceptar hablar?", Blanchot habla de ese amigo, si se quiere mediante su habitual sistema de contradicciones, pero habla. Sigamos pues con nuestros chismes. Se dice que Bataille asistió con sus amigos al velorio de Laure, una de sus amantes cuya familia era muy católica, vestidos con colores brillantes, cuando la familia de ella estaba de luto riguroso, a pesar de lo cual la madre de Laure mostró su deferencia por Bataille. Se dice que durante mucho tiempo Bataille fue al cementerio a visitar la tumba de Laure, a pesar de lo cual finalmente la cambió por otra que tenía la virtud de estar viva y de la que Luis Buñuel dice en Mi último suspiro, que era guapísima. Eso no anula la obsesión de Bataille por la muerte. Un amigo nos cuenta que fue con Bataille a comprar quesos y él escogió con delectación uno que olía a tumba. Otro amigo relata que Bataille se quedaba dormido en las clases de Kojève sobre Hegel cuando decía admirarlos tanto a los dos. ¡Basta de chismes peyorativos, hasta uno se aburre de ellos! En el fondo es mucho más seductor hablar de sus excepcionales obras. Entre 1937 y 1939 Bataille, con Michel Leiris y Roger Caillois, crearon el Colegio de sociología. Durante esos años se dieron conferencias sobre los temas que preocupaban fundamentalmente a los tres fundadores, temas que abarcan tanto preocupaciones más allá del tiempo como preocupaciones de candente actualidad.

                          Ahí se habló tanto de erotismo como de Hitler. Por supuesto ahora hay un libro perfecto, minuciosa, gozosa y útilmente escrito sobre ese colegio de sociología, de Denis Hollier. Gracias a él podemos conocerlo como si hubiésemos asistido a sus sesiones. Pero también podemos imaginárnoslas por nuestra cuenta: unas sesiones notables, un público muy particular y por grande que fuese, pequeño en relación con la importancia de ese colegio. Lo cual no impide, para inevitablemente volver al terreno de los chismes (todo escritor es un chismoso), que al recordar ese colegio Roger Caillois nos diga que Bataille no quería estudiar el chamanismo, sino ser un chamán. Mencionamos esta denuncia con el objeto de subrayar que el ateo Bataille -como todo ateo que se respete- tenía un profundo espíritu religioso.

                          Dudo mucho que Faulkner tuviese un espíritu religioso. En él la religión es parte del mundo que retrata y como tal la utiliza. Sus novelas están pobladas de la necesidad de pasar por un digno caballero del Sur y entre las obligaciones de los caballeros del Sur se encuentra la de obedecer exteriormente los mandatos de la Iglesia metodista, aunque interiormente les sean ajenos y más bien los consideren una tarea de mujeres. Pero las mujeres son indispensables para crear esas grandes familias que abundan en la obra de Faulkner y también es indispensable la "vieja carne estúpida" como se dice tantas veces en ¡Absalón, Absalón! Sin embargo, el erotismo no es un valor en la obra de Faulkner, sino que muchas veces conduce a la condenación. Así ocurre en LUZ de agosto cuando la señorita Burden vive su pasión con Joe Christmas que tiene sangre negra. Y por su atrevimiento termina por ser linchado. Crear ese mundo en el que abundan las acciones fuera de la ley por fidelidad a la realidad del Sur que ama es el verdadero mérito de William Faulkner. Nosotros no vamos a juzgarlo moralmente, vamos a celebrar sus vastas y profundas dotes de narrador. El triunfo de los yanquis y el progreso sobre ese Sur condenado a la desaparición es el ámbito impuesto a Faulkner como novelista. Y en sus novelas es imperecedero. Puede ser retórico y oscuro, incluso ésas son sus características, pero él ha logrado convertirlas en cualidades.

                          ¡Todo está tan vivo en sus obras! Quizá lo que impera en ellas está descrito con máxima exactitud cuando conducido por la necesidad de aclarar El sonido y la furia habla fuera de la acción de la novela de sus personajes y con respecto a Quentin Compson nos dice: "Quentin III. Que amaba no el cuerpo de su hermana sino algún concepto del honor de los Compson precariamente (y él lo sabía bien) sólo temporalmente mantenido por la mínima frágil membrana de su virginidad como una réplica de cómo toda la vasta esférica tierra puede ser equilibrada en la nariz de una foca. Que amaba no la idea del incesto que él no cometería, sino algún concepto presbiteriano de su eterno castigo: él, no Dios, podría así lanzar a él y a su hermana al infierno, donde podría guardarla para siempre y conservarla para siempre jamás intacta entre las llamas eternas. Pero que amaba a la muerte por encima de todo, que amaba sólo a la muerte, amaba y vivía en una deliberada y casi perversa anticipación de la muerte, como un amante ama y deliberadamente se mantiene lejos del increíble tierno amigable deseoso cuerpo de su amada, hasta que ya no puede soportar no el mantenerse lejos sino la contención así que se arroja, se tira a sí mismo abandonándose, ahogándose." Es el mismo amor que guía a Bayard Sartoris después de la muerte, vista por él, de su hermano John al ser derribado su avión durante la Primera Guerra Mundial y que parece ser el signo de los Sartoris desde que el fundador de su familia John Sartoris fue muerto en la Guerra de Secesión donde por supuesto servía al ejercito Confederado con el grado de coronel. Los Compson tienen entre sus hijos a un idiota; al propio Quentin enamorado de su hermana que es intocable para el porque más que nada representa "algún concepto del honor de los Compson"; a una hija que se casa y tiene a su vez una hija a la que llama Quentin; y a otro hijo, Jason, quien mantiene vivo no el honor sino la seguridad económica de los Compson, asedia a Quentin hija y ésta termina fugándose de la casa con un cirquero que pasa por el pueblo. Quentin hijo, se suicida en Harvard después de destruir su reloj: la máquina para medir el tiempo. Todo eso forma el argumento de El sonido y la furia.

                          No se necesita ser muy perspicaz para darse cuenta de que el título está tomado de los versos de Macbeth cuando se dice: "Life is a foolish tale, told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing"; pero Faulkner lleva tan lejos esa cita como para que la primera parte de El sonido y la furia esté efectivamente narrada por un idiota, Benji, parte de la familia Compson, quien no tiene sentido del tiempo y habla en desorden mencionando simultáneamente a Quentin su hermano y a Quentin la hija de Candace, con lo cual su inconexo monólogo se hace todavía más difícil de seguir. Durante ese monólogo Benji es guiado por Luster, un niño negro que se encaga de cuidarlo y al describir a los personajes Faulkner dice de los negros: "ellos perseveraron". Tal es el mundo de William Faulkner. Un mundo cerrado, condenado y en el que los personajes reaparecen una y otra vez: Quentin Compson es el que empieza hablando de Thomas Sutpen con Rose Coldfield y son ellos los que después visitan la antiguamente señorial casa de Sutpen y la encuentran ya casi en ruinas, Hay que seguir también la historia de Sutpen. Nacido en las montañas de Virginia, él tiene la ambición de formar una gran y respetable familia. Para ello va a Haití, donde se enriquece y se casa con la hija del dueño de un ingenio de azúcar, Eulale Bon, con la que tiene un hijo, Charles Bon, y a la que repudia porque tiene sangre negra.

                          Regresa a Nueva Orleans rico y con un hato de negros a los que tiene como esclavos. Compra a los indios un amplio espacio de tierra. Conviviendo estrechamente con sus negros salvajes se dedica a desbrozarlo y dejarlo listo para hacer una plantación: "El Ciento de Sutpen".

                          Se construye una lujosa casa, la amuebla muy elegantemente y convertido ya en un pudiente caballero de Jefferson se casa con Helen Coldfield, hija de un pequeño comerciante, y empieza la vida correspondiente a un importante propietario. Hasta ahí todo va bien, Sutpen ha visto premiados sus esfuerzos. Pero el signo del Sur y de la obra de Faulkner es la condenación y esa condenación es más fuerte cuanto más respetable se parece haber llegado a ser. Thomas Sutpen y Helen Coldfield procrean dos hijos, Henry y JUdith, Henry se va a la Universidad de Mississippi a estudiar para abogado. Ahí se hace muy amigo de Charles Bon y lo lleva a su casa. Por supuesto, Charles y Judith se comprometen, insinuándose que para Henry ésta es una manera de satisfacer los instintos que le despierta Charles Bon. En cualquier forma el matrimonio no se realizará. Thomas Sutpen hace un viaje a Nueva Orleans. Charles Bon esta casado con otra mujer de sangre negra y tiene un hijo con ella.

                          Pero Charles a pesar de todo está dispuesto a que el matrimonio se realice. Sutpen lo prohibe, Henry mata a Charles. Es otra forma de realización simbólica de una unión imposible. No importa, es el desastre, la condenación. Antes está presente la Guerra de Secesión. Sutpen como John Sartoris combate valientemente en ella, y todo se cierra. La plantación sin esclavos ya no vale lo mismo, Helen se muere, Sutpen intenta casarse con Rose la hermana de Helen. Ella acepta. Todo terminará mucho después con una última visita de Rose a la casa. Ahí ya sólo viven Clite, una criada negra que es hija también de Sutpen y James Bond (Bon), quien es el hijo del hijo de Charles Bon. Clite quema la casa donde Rose sabía, desde su visita con Quentin, que Henry estaba escondido ahí y en el incendio los dos perecen, sólo huye sin que nadie pueda saber su paradero final, James Bond.

                          Este final es relatado por Quentin Compson en Harvard a un compañero suyo, que todo el tiempo lo interrumpe cuando menciona a Sutpen diciendo "el demonio" en tono humorístico y al final le pregunta a Quentin por qué odia al Sur, a lo que Quentin responde "No lo odio." Pero la manera en que Faulkner describe esta respuesta nos da idea de su estilo y los motivos de su estilo: "No lo odio -dijo Quentin con rapidez, en seguida, inmediatamente-. No lo odior -repitió.

                          "‘No lo odio´, pensó, jadeando en aquel aire glacial, en la férrea oscuridad de Nueva Inglaterra. ¡No!, ¡no! iNo lo odio! ¡No lo odio!" Ya sabemos cuál sera el destino de Quentin después de esa declaración. No se trata de hablar de toda la obra de Faulkner. Ella forma una órbita tan cerrada como el propio Sur y Faulkner es el más notable representante de ese mundo.

                          En su obra todo queda fijo para siempre. Muerto en el tiempo ahí está fuera del tiempo. El reloj destruido de Quentin funciona para siempre en ella. La obra de Georges Bataille se desarrolla en un ámbito totalmente diferente al de Faulkner y obedeciendo a su propia esfera, en la misma medida que lo hace Faulkner, toma una dirección opuesta. SUS problemas son los de la cultura unida a la vida dentro de una candente realidad europea. Bataillle está siempre presente como escritor de muy diversos géneros para abarcar todos los aspectos que incitan su imaginación.

                          Hay que tener en cuenta que las cuevas de Lascaux fueron descubiertas en 1940 por dos niños que paseando apartaron los arbustos que disimulaban su entrada. Esas cuevas fueron pintadas por hombres primitivos y Bataille escribe sobre ellas diciendo que señalan "el nacimiento del arte." Igualmente escribe sobre personajes de la Edad Media, como Gilles de Rais; así como sobre Sade, Blake o Emily Bronte; contra Breton; o hace que en alguna de sus novelas aparezca la guerra de España; publica libros de antropología, novelas eróticas y tratados sobre el erotismo o diarios que no lo son sino que usa sus experiencias particulares. Es un escritor contradictorio porque es un hombre contradictorio. No habla nunca de un mundo caído fuera de la historia, sino que es una de las conciencias históricas de su época. En La experiencia interior dice que Heidegger es un filósofo y él "un loco o un santo." Comentando ese libro, el anticuado Jean Paul Sartre dice, en términos peyorativos o de burla, que revela la existencia de "un nuevo místico." Sin ningún carácter peyorativo podemos decir que Georges Bataille era en efecto un místico.

                          ¿Pero, cómo se puede ser místico si se es ateo? Este es uno de los problemas ante los que se debate Georges Bataille. Su variada obra nos dice que lo resuelve siendo un escritor cuyo espíritu religioso no lo abandona nunca, aunque parezca hecho a un lado muchas veces. No podemos usar con derecho las palabras de Blanchot cuando dice "¿De ese amigo, cómo aceptar hablar?"; pero sí es difícil hablar de Bataille en general porque rehuye todo enfrentamiento directo a sus temas. Y no obstante, éstos son uno solo: forman la vida de un hombre. ¡Y qué riqueza de alma encierra esa vida! Si Bataille aborda tantos temas es porque todos ellos lo expresan. Es tanto el novelista erótico de la Historia del ojo o El muerto, relatos casi míticos hasta en su sucinta forma de desarrollo o si se prefiere decirlo así simbólicos en su muy realista presentación de las escenas, hasta el narrador en cierta forma tradicional a pesar de la naturaleza tan diferente de los sucesos que trata, de El azul del cielo o El abad C (como siempre ocurre, título intraducible; Bataille hace que su novela llamada en frances L´ABBE C sugiera el principio del abecedario, ABC). Es también el singular economista que escribe sobre el potlatch en su libro La parte maldita, haciendo un recorrido por la historia de una manera tan inmediata y original que trata tanto a la sociedad azteca como a los diferentes tipos de sociedades guerreras, religiosas, comerciales, terminando con el plan Marshall como un ejemplo contemporáneo de potlatch, lo que tal vez puede ser una equivocación producto de la inmediatez con que se escribe cuando ahora se ve como la manera americana de reconstruir rápidamente a los países semidestruidos de Europa para poder enfrentarlos a la Unión Soviética y comenzar la Guerra Fría. Bataille siempre se propuso reescribir este capítulo y nunca llegó a hacerlo. No importa. La naturaleza de su equivocación es muy clara. Tenía la perspectiva suficiente cuando escribe La literatura y el mal y también nosotros la tenemos gracias a lo cual podemos decir que Bataille está hablando del "mal" en el sentido en el que se usa dentro de una sociedad como aquella para la cual escribe, pero su "mal,, significa en verdad o puede querer significar la literatura y el bien. Estas son las diferencias cuando se escribe desde la perspectiva de un santo o un loco.

                          Bataille no era ni un santo ni un loco sino ambas cosas y un espíritu lúcido que se da cuenta muy bien de que no puede aspirar a que su discurso o su lenguaje suene racional y no vacila en renunciar a esa racionalidad. sólo desde esa perspectiva puede leerse su obra. Y sin embargo, y sin embargo... ¿no es extremadamente racional el crítico de arte que escribe sobre las cuevas de Lascaux o sobre Edouard Manet? Son
                          libros de una penetración y una originalidad impecables sobre los temas que trata. La misma penetración, la misma originalidad y una vastísima cultura sobre las artes plásticas se usan en Las lagrimas de Eros, otro título buscadamente contradictorio en apariencia y profundamente coherente si se piensa en los términos de la obra de Georges Bataille. En ella el placer y el dolor están siempre unidos, como los dos extremos de una misma línea sin fin: la línea de la vida. Se podría hablar de la originalidad de Georges Bataille en otros muchos aspectos, basta con repasar un libro tan variado como Documentos. No es extraño que a la hora de reunir sus obras completas póstumamente, desde luego, hubiera que enfrentarse a tantas dificultades y tantos fragmentos de proyectos inconclusos.

                          En esta dirección es casi significtiva que la novela Mi madre fuese una obra inconclusa. Puede decirse que la obra de Georges Bataille es una obra inconclusa. La interumpe la muerte. No podemos ni siquiera imaginar lo que Georges Bataille pensaría y escribiría en nuestro tiempo. Es nuestro tiempo el que le rinde homenaje a los cien años de su nacimiento. Ni él ni William Faulkner vivieron más allá de los sesenta y cinco anos; pero su vida está fuera del tiempo.

                          Fuente: Revista Vuelta
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                          Poesias y escritos asombrosos

                          Esta es una sección dedicada a la poesía y en general a escritos de honda significación.
                           
                           
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